
Talero
x Talero
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“Siendo
un chico, me entusiasmaba tener mi programa, en mi casa
armaba programas para mi solo, como parte de un juego.
Escuchaba discos y hacía los comentarios”...
Con
esas palabras, Oscar Horacio Pellegrini, por todos conocidos
como Talero, recuerda las dos pasiones que marcaron su
vida: el jazz y la radio.
Sus
sueños de pibe, iban más allá de
los cuadernos, las sumas y las restas. Talero... Un ser
que nació con marca propia, un nombre criollo y
sencillo, como sugirió la partera. Detrás
de aquella curiosidad de niño, se iba dibujando
un rumbo marcado por el ritmo y los compases. Sendero
que –desde entonces- nunca abandonó.
Hijo
obediente y alumno dedicado. Merecedor indiscutible de
un premio a pedido: un par de maracas. Primera señal
de una pasión que se agigantaría con el
correr de los años...
...
“cuando no existía la palabra disk jockey,
tenía 7 años y a la hora de cenar ponía
discos en el Hotel Tosti en la Isla Paulino, era un juego
de chico, pero dentro de ese juego estaba dando vuelta
la inquietud que se iba a desarrollar años después”...
cuenta Talero.
Cuando
uno siente una verdadera pasión, en especial por
el arte, no está completo hasta que no lo comparte,
lo transmite, haciendo de esa expresión un canal
de comunicación que tiende redes para que otros
se sumen. Sin embargo, esa pasión debió
ser relegada, cuando las obligaciones cotidianas requerían
de un trabajo estable para sustentar a su familia.
Corría
1956. Por entonces, Talero dividía su vida entre
la música y su trabajo. “ vivía una
vida paralela entre el banco y lo artístico, era
como ser un católico comunista”... tal como
él mismo define esa coexistencia inevitable.
La
primera decepción
Un
día, Talero se decide. Presenta un proyecto en
Radio Provincia, pero fue rechazado. Primer intento y
negativa. Tal era su desilusión que, al llegar
al trabajo, su cara lo decía todo.
-¿Qué
te pasa?. Pregunta, al verlo con esa expresión,
su compañero de oficina, Jorge Pizarro. Y Talero
le cuenta.
-
No te preocupes, yo tengo un amigo en la radio, te lo
voy a presentar, le dice Pizarro. Y una nueva esperanza
afloró en el rostro de Talero.
Esa
persona era Jorge Corlate, del Servicio Informativo. “Él
me presenta a Sarandría, quien luego me ofrece
-de su tira diaria Concierto de Jazz- los días
martes, para que yo produjera el programa. Como me quedaba
corto con el material, Sarandría me prestaba el
suyo. Para mi, comprar discos era un
sacrificio”...
“Como
yo entré en 1957, gran parte de la gente creyó
que me hicieron entrar los militares. Siempre estuvo la
duda”... comenta Talero. Duda que nunca sintió
la necesidad de esclarecer.
Luego
de dos años de colaboración con el programa
Concierto de Jazz, “llegó un momento en que
no podía realizar mi idea que era más hacia
el jazz moderno. Le pregunté entonces a Sarandría
si tenía algún problema en que empezara
mi propio programa. Le pedí un espacio al Director
Artístico, Esteban Decoral Toselli, y él
–delante de mí- le pregunta a Sarandría
si valía la pena darme la oportunidad y éste
dijo que sí, que me lo había ganado. Me
dieron el programa en 1959 y hasta hoy, continúa
Tangentes en Jazz”.
En
45 años de aire, las anécdotas son innumerables.
Los oyentes y los compañeros de estudio son los
protagonistas de tantas experiencias que Talero recuerda
como si hubiesen sucedido ayer. “Es toda una vida,
todos mis momentos, buenos y malos, los he pasado transitando
por acá, y aunque sea muy modestamente, los contratos
también me han ayudado” reconoce Talero y
agrega “hay que agradecer a todos los sectores de
la radio porque en cada momento y situación en
que han tenido que colaborar lo han hecho”.
Del
compañero al amigo
Kuky
Villarejo, la locutora que desde hace 35 años acompaña
a Talero en el programa dice ...
“Talero
Pellegrini no me hacía sentir un adorno dentro
del programa, no trabajo con un compañero, es un
amigo, quien comparte mis alegrías y tristezas.
Hoy vivimos la alegría de sus 45 años en
la Radio y me estoy tomando los mates más ricos
con uno tallado y una bombilla de plata que me hizo entrega
en estos días... Al que está por ser abuelo
mi deseo de felicidad, que se la merece en grande”...
Por
su parte, Héctor Mazzucchelli, operador del programa
desde sus comienzos, habló de Talero...
“Lo
conozco desde 1959 y desde 1984 soy el operador de su
programa en forma ininterrumpida. Aparte de amigo, es
un ser extraordinario. Además del respeto que le
tengo como profesional, grabar con él produce siempre
el mismo placer. Siempre está dispuesto a una broma,
aunque a la hora de trabajar es muy organizado y sumamente
meticuloso. Nos conocemos tanto que nos entendemos con
sólo mirarnos, a través del vidrio. La amistad
surgió en la radio, aunque también cultivamos
ese vínculo fuera de ella y dos por tres, nos comemos
un asadito”.
El amigo de la vida
Jorge
Curubeto, una persona que conoce a Talero desde sus épocas
de juventud, con quien compartió y comparte la
pasión por el jazz nos contó algunas de
sus vivencias junto al amigo, al amigo que vino de la
mano de la música...“En el 52 se anuncia
en la revista Jazz Magazine la formación del Bop
Club La Plata, del cual me habían elegido presidente,
junto a Jorge López Ruiz, uno de los mejores músicos
del país y su hermano que es el guitarrista de
Astor Piazzola. Eramos todos chicos, hacíamos conciertos
y venían a hacernos pata músicos famosos
de Buenos Aires como Enrique Villegas y Lalo Schiffrin.
Ese es el escenario en el que luego aparece nuestro amigo
Talero”, relata.
Dentro
del jazz, Talero tuvo un primer papel como baterista.
“A partir de la década del 60 recuerdo haber
tocado con él en algunos conjuntos. Tocábamos
en un boliche que estaba en 4 y 50, se llamaba Cristal.
Para ese entonces la ciudad contaba con más de
30 músicos de jazz solistas que formaban grupos
de 4 o 5 integrantes, uno fue el Grupo Contemporáneo
de Jazz La Plata, del que, en algunas ocasiones el baterista
era Talero”.
Talero deja la batería y se dedica a investigar,
a conocer más de ese ritmo que lo atrapa. “Luego
se abre, para convertirse en comentarista y comienza a
trabajar en Radio Provincia. Uno de los conciertos más
importantes que dio el Club fue en esa radio”.
“Le gustaba más ser comentarista, escribir,
conducir y su programa se hizo famoso, era el presentador,
como es hoy, de la mayoría de los eventos jazzísticos
que se realizan en La Plata”.
“Me
acuerdo de las reuniones que hacíamos en la casa
de su madre en 47 y 13, traíamos discos y nos comprábamos
algún equipo que esa época eran con púa,
y escuchábamos jazz todo el día”.
“Siento
un gran respeto y admiración por Talero como profesional,
pero más me une el privilegio de ser su amigo,
y quererlo como tal o quizás más, como un
hermano.. es un hombre de bien, todo el mundo lo quiere,
es un tipo de una pasta increíble, de un humor
fenómeno, yo nunca lo vi enojado, es un tipo bárbaro”...
Talero
x Talerito
“De
chico, yo veía a mi viejo en una sala que le habíamos
puesto “el cuartito” donde él se encerraba
y poco a poco, peso que ganaba se iba comprando un equipo
para poder escuchar música y hasta se tuvo que
comprar una repisa porque o quedaba lugar donde poner
los discos, tenía mucho vinilo porque los CD todavía
no existían, aunque te podría decir que
al día de hoy no es muy afecto a los CD, prefiere
el vinilo y el casete”. Horacio, a quien los trabajadores
antiguos de la emisora le dicen Talerito en referencia
a su padre, hace una pausa y cambia la yerba del mate,
es operador y trabaja en el estudio de grabaciones de
Radio Provincia. Me pregunta si me gustan los mates dulces,
le digo que sí y prosigue con el relato.
“Por
entonces, el cuartito era su cueva, donde el buscaba estar
puntualmente con la música, a mi hermano y a mi
nos llamaba mucho la atención porque lo veíamos
que se pasaba horas con los auriculares puestos, pegando,
grabando, armando el programa y jugando a lo que hoy soy
yo: operador”.
Un periodista, con muchos años en el medio, afirmó
que un grabador puede ser una modesta máquina del
tiempo, quizás eso le pase a Horacio, quien repasa
“el cuartito era muy chico, de dos por uno y medio,
y estaba lleno de libros, discos, carpetas y archivos,
era el lugar elegido para juntarse con sus amigos “jazzeros”,
a escuchar discos inéditos, tomar café y
fumar un pucho”.
Con una voz bien grave, en un diálogo marcado por
un vaivén de mates dulces, Horacio, antes de dar
por concluida la charla, afirma que no conoció
a su padre como músico. “Eso fue antes de
que yo nazca, pero él se vincula en serio con la
música a partir del programa, a mí me llamaba
la atención porque a veces yo
intentaba aportar algo y le acercaba discos de blues y
jazz, y él me preguntaba dónde está
la ficha técnica, porque si no tenía ficha
técnica no le servía, era música
en el aire”.